Cuenca: un lugar que enamora

Ubicada en las montañas de Castilla-La Mancha se esconde Cuenca, una ciudad fundada por los musulmanes durante el siglo VIII, que ha sabido conservar su historia entre murallas, ruinas medievales y calles de piedras, rodeadas de una impresionante naturaleza. Cuenca es sin duda una de las ciudades más originales de España y desde 1996 es Patrimonio Mundial.

Casas Colgadas de Cuenca

El lugar se ha hecho famoso por sus originales Casas Colgadas, popularmente conocidas como los primeros rascacielos que existieron; aunque algunos consideran que podrían llamarse “rasca-suelos”. Se tiene constancia de ellas en pinturas del siglo XV y llaman la atención porque inicialmente fueron construidas de dos o tres pisos sobre las rocas, pero cuando la ciudad fue creciendo y se hizo necesario ampliarlas, decidieron desafiar la gravedad: extendiéndolas hacia abajo sobre el despeñadero y añadiendo hasta cinco niveles más.


Cuenca es mucho más que sus Casas Colgadas y su Casco Antiguo tiene mucho que ofrecer. Puedes llegar caminando por sus empinadas calles, o si prefieres en autobús o carro, el cual puedes dejar en uno de los dos estacionamientos de pago estratégicamente ubicados, o en el estacionamiento que se encuentra en lo más alto de la ciudad. Además de ser gratuito, ofrece unas vistas maravillosas sobre los ríos Júcar y Huécar que bañan la zona. Mi recomendación: zapatos cómodos y una buena cámara para inmortalizar el espectacular paisaje de pinos, agua y rocas.


Casco Antiguo Cuenca

La primera parada es el Castillo o lo que queda de él. El Arco de Bezudo, datado en el siglo XIII, es una de las puertas que antiguamente daba acceso a la ciudad de Cuenca y una de las pocas que se conserva. Junto a él encontramos fragmentos de lienzos de muralla y algún torreón de lo que fue la antigua fortaleza. Justo al lado se encuentra el Archivo Histórico Provincial, el edificio formaba parte de la fortaleza. Sus antiguas paredes guardan muchos secretos ya que el lugar fue utilizado en el siglo XVI como sede del Tribunal de la Inquisición y más tarde como cárcel.





Los Ojos de la Mora

Justo en frente hay un mirador sobre el río Jucar, desde allí se pueden ver “Los Ojos de la Mora” pintados sobre las rocas. Forman parte de una antigua leyenda sobre la mora que murió de amor en el Cerro de la Doncella, lugar al que nunca llegó su enamorado, un joven cristiano al que mataron para evitar la unión. Cada año los ojos son pintados por los estudiantes de la Escuela de Artes y Oficios.


El recorrido sigue cuesta abajo hasta la Plaza del Trabuco donde se encuentra la Iglesia de San Pedro del siglo XVII. En ese punto es mejor continuar el camino por la Calle Ronda que es peatonal. Allí podrás ver el Cristo del Pasadizo y conocer otra de las antiguas leyendas del pueblo sobre el amor entre Julián Romero y su enamorada Angustias. El Cristo ante el cual la pareja se juró amor eterno, tuvo que ser enrejado para evitar que los devotos se lo llevaran a sus casas.

Un poco más adelante está la que fue la casa del cantante José Luis Perales, hoy convertida en un restaurante y la Posada de San José, donde se dice que el maestro Diego Velázquez se inspiró para pintar sus famosas Meninas, puedes entrar y aprovechar para hacer algunas fotografías.


Así entre arte, historia, leyendas y naturaleza llegamos a la Plaza Mayor. Entre sus antiguas casas de colores está la Catedral, construida sobre la antigua mezquita cuando el rey Alfonso VIII conquistó la ciudad, se considera como la primera catedral gótica realizada en Castilla. La fachada sufrió varias reformas a lo largo de la época y los historiadores aseguran que quedó inconclusa por falta de dinero. Se puede hacer una visita guiada a su interior pagando 4 euros 80. En la plaza llama la atención el edificio del Ayuntamiento, y bajo sus arcos circula el tráfico

. La Plaza Mayor está repleta de restaurantes donde siempre es una buena opción hacer un alto para tomar algo y disfrutar del lugar.


Desde la plaza es fácil ver una torre que se levanta en medio de los edificios. Se trata sin duda la Torre Mangana, ubicada en la plaza que lleva su nombre, seguramente el lugar con mayor riqueza arqueológica de la ciudad. Los resultados de las excavaciones demuestran que bajo la plaza se superpusieron la diversas culturas que habitaron la ciudad a lo largo de su historia. Es posible ver algunos vestigios de los muros del alcázar musulmán y los restos de la sinagoga judía que fue destruida en 1391 y transformada en iglesia. Además de los restos de la historia, la plaza es un excelente lugar para tomar fotografías del paisaje.


El recorrido no está completo sin cruzar el Puente de San Pablo, de 100 metros de largo construido de hierro y madera está sujeto con pilares de 40 metros de altura sobre el cauce del río Huécar. Desde el puente hay una hermosa vista de las Casas Colgadas que puedes visitar, ya que son la sede del Museo de Arte Abstracto que exhibe de forma permanente una colección de pinturas y esculturas de artistas españoles de los años 50 y 60, que configuraron algunas de las tendencias abstractas más significativas del arte en España a mediados del siglo XX.




Del otro lado del puente está el imponente Convento de San Pablo, un edificio del siglo XVI convertido en un hotel de cuatro estrellas. Puedes visitar el lugar y tomar algo en su restaurante para recorrer su interior. El lugar es muy visitado ya que en una de sus sesenta y tres habitaciones pasaron su primera noche de luna de miel los actuales reyes de España.



La visita a Cuenca cobra un carácter especial al anochecer cuando se ilumina toda la zona monumental. Si puedes pasar una noche hay muchas opciones de hoteles, hostales, posadas y apartamentos turísticos que se adaptan a todos los presupuestos. También hay excelentes restaurantes para todos los gustos y bolsillos, donde podrás disfrutar de los deliciosos platillos de la gastronomía conquense, especialmente el queso manchego y los vinos.


¿Cómo llegar a Cuenca desde Madrid?

Carro: 1 hora 40 minutos

Ave: 55 minutos -25 euros por trayecto aproximadamente

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