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La última clase del Profesor Ciniglio

Actualizado: 22 may 2023

(Elegía a mi padre)

Hoy estamos aquí reunidos para celebrar la vida del Profesor Carmelo Ciniglio y llamo a mi padre por el título que más orgullo le dio, porque a pesar de que por tradición familiar pudo haber elegido otra carrera, y aunque tuvo responsabilidades importantes para nuestra historia como país ---más importantes de lo que nunca hizo saber--- él siempre prefirió la docencia.


¡Qué difícil es dar estas palabras! Más allá de la emoción que me embarga en este momento, creo que tiene que ver con el hecho de que el Profesor Ciniglio, mi papá, era un hombre muy reservado, especialmente con sus asuntos personales. Estaría sorprendido al ver a tanta gente reunida aquí y seguramente me regañaría por haber publicado en redes sociales sobre este encuentro, así que pensemos que vinimos hoy para celebrar su última clase.


Mi padre fue siempre un hombre muy estricto. Recuerdo cuando mis hermanas Cristina, Florita y yo éramos niñas, y él era capaz de darnos instrucciones con solo mirarnos, sin necesidad de decir ni una palabra. Crecimos en un hogar con reglas claras y límites muy definidos de consideración hacia los demás. Un hogar en donde, por ejemplo, no se debía hacer ruido para no molestar a los vecinos.


Recuerdo cuando traía mis boletines de la escuela, donde yo había hecho un enorme esfuerzo para sacar buenas notas esperando un premio, pero me encontraba con un “muy bien, cumpliste con tu deber”, en ese momento me parecía injusto, sin embargo, a lo largo de mi vida he aplicado esa lección de mi padre: lo primero que tenemos que hacer es cumplir con nuestro deber sin esperar recompensas, exigiéndonos cada día un poco más.


El Profesor Ciniglio cuidaba su intimidad con mucho celo, no era fácil entrar en su círculo de confianza, pero los que lograron penetrar esa coraza de exigencia y de firmeza, encontraban un hombre bueno, un hombre sensible y empático en quien afloraban los sentimientos más nobles. Recuerdo cuando, con una gran alegría, fui con mi esposo Milton a casa de mis padres para contarles que iban a estrenarse como abuelos. Mi mamá corrió para abrir una botella de champaña. Mi papá puso esa cara suya con aquella expresión particular, que podía ser muy hosca y nos dijo que no estaba de acuerdo con que lo hiciéramos abuelo a los 50, que no estaba listo para que le llamaran abuelo, y que, en todo caso, era mejor que le llamaran tío Carmelo... y hablaba en serio.


Al tiempo, nació Victoria, su primera nieta, y una tarde la dejamos en su cochecito al cuidado del tío Carmelo, mientras mi mamá y yo preparábamos algo y cuando regresamos encontramos que al Profesor Ciniglio hipnotizado, diciéndole a su nieta con voz aguda y juguetona: ¿qué le dice a su Nonnito? Fue todo para el campeón, de ahí para abajo fue el Nonno derretido con su Vickita que lo había hecho abuelo a los 50 y luego con los que le siguieron: mi sobrina Isabella, mi hijo Emanuel y finalmente mi sobrino Daniel; para todos era El Nonno.


Mi padre era un hombre de vocación. Fue profesor de la Universidad de Panamá por más de 50 años. Se retiró a los 75 años de edad, hace poco más de un año, cuando sintió que sus fuerzas ya no le permitían dictar las clases que sus alumnos merecían. Desde que éramos niñas, para mis hermanas y para mí, era normal verlo en casa, concentrado, preparando sus clases, así lo recuerdo de siempre, pegado a sus enciclopedias y libros y luego con la ayuda de la tecnología de Internet. Él nunca se conformó con conocimientos arcaicos, nunca se convirtió en un autómata que repetía la misma lección año tras año. Todavía ahora estaba suscrito a las publicaciones científicas más prestigiosas, siempre pendiente y actualizado de las últimas investigaciones.


Pero en sus clases no solo hablaba de biología, él verdaderamente se preocupaba porque sus estudiantes descubrieran su vocación y amaran su carrera de Medicina, pero para él, un profesional debía ser una persona integral y por eso les hablaba también de su país, porque así como quería que amaran su carrera, también quería que amaran a Panamá, mi padre era un panameño patriota a carta cabal.


A lo largo de mi vida profesional me he encontrado con muchos exalumnos, profesionales hechos y derechos, agradecidos por todo lo que aprendieron del Profesor Ciniglio. Recuerdo hace unos años descubrir con sorpresa que había una página de Facebook de los exalumnos del Profesor Ciniglio, era prácticamente una página de fans agradeciéndoles por ser la persona que les cambió la vida. Durante su enfermedad tuvimos la fortuna de que lo atendieran varios de sus exalumnos convertidos hoy en médicos prestigiosos que una y otra vez nos repetían, “es un gran honor atender a mi querido Profesor Ciniglio”. Deseo en este momento extender un agradecimiento especial al doctor Julio Santamaría y a su equipo, por acompañarnos en estos últimos años con tanto cariño y humanidad.


Hace más de veinte años mi padre sufrió un accidente que le afectó de forma permanente su movilidad y aunque bien pudo decidir retirarse, nos dio otra lección. Aprendió a escribir con la mano izquierda y gracias a su perseverancia siguió dando sus clases y superando muchos obstáculos por otras dos décadas y media.


Mi padre no era un hombre de lujos ni de gustos caros. A veces parecía poco sociable, pero su mayor felicidad era estar con su familia, con su esposa, con sus hijas, con su hermana Cuqui, sus yernos, nietos y sobrinos. Le encantaba ir a Coronado y disfrutar la casa que poco a poco había construido y mejorado con la ayuda de mi madre, su compañera de vida, Fiorella; para él: Lela.


Aunque a veces podía aparentar ser un poco duro, tenía una sensibilidad especial ante la necesidad de la gente y, aunque lo hacía de forma callada, soy testigo de que fue una persona muy generosa y desprendida, empática ante las necesidades de los otros. Su único afán de tener una seguridad económica era para no ser una carga para nadie, siempre trató de valerse por sí mismo todo lo posible y al mismo tiempo cuando necesitó ayuda lo supo agradecer con humildad, con simpatía, con una sonrisa o con una palabra amable.


Gracias a su inteligencia, buena memoria y capacidad de análisis, mi padre era un gran consejero. Lo curioso es que, cuando íbamos con un problema, nos daba una opinión o una respuesta medio enigmática y al final nos decía: "analízalo", "procésalo" o "manéjalo"... no porque no tuviera el consejo completo, sino porque quería que el consejo fuera simplemente una semilla y que nosotros cultiváramos la respuesta. Nos daba suficiente para ponernos de pie, pero buscaba que nosotros tuviéramos el impulso para hacer el camino.


Cuando yo era niña los adultos me decían que me parecía a mi papá. Yo me molestaba, no entendía cómo nos podíamos parecer si él era hombre y yo una niña. Resultó que si nos parecíamos y no solo en lo físico. Con él descubrí mi vocación por la comunicación y el periodismo. Desde niña me sentaba junto a él en silencio a ver las noticias o leer el periódico completo los domingos. Todavía hace unas semanas, ya un poco débil, me hizo observaciones valiosas sobre el acontecer nacional y críticas interesantes sobre algún noticiero.


Ver partir a mi padre ha sido una experiencia triste para mi familia. Se nos fue apagando poquito a poco, pero estamos agradecidos con Dios porque fue algo gradual, sin mayor sufrimiento, que nos permitió de alguna forma prepararnos y despedirnos con amor. Gracias Mamá, por cuidarlo todos estos años con dedicación absoluta. Admiro tu generosa entrega y fortaleza y sigo queriendo parecerme a ti.


No, mi padre no fue un hombre perfecto, pero vivió su vida a su manera y fue feliz. Entregó tanto y enseñó tanto que incluso al final de sus días nos dejó la lección más importante y es que en todas las circunstancias se puede vivir y se puede morir con dignidad.


Gracias a todos por acompañarnos hoy en este día en el que celebramos y recordamos las lecciones del Profesor Ciniglio, nuestro querido Carmelo, esposo, padre, hermano, abuelo, tío, suegro, amigo y sobre todo, Maestro de nuestras vidas.



Palabras de Alexandra Ciniglio en las honras fúnebres de su padre.

Panamá, 16 de mayo de 2023.


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2 Comments


Una anécdota Alexandra del Prof Ciniglio.

Daniel es Profesor en la USMA hace 25 años y un día necesitó hacerse una resonancia y me tocó a mi ir hacer la cita. Me preguntan es el Profesor Ciniglio? Contesté qué si y me dicen qué venga a la hora de almuerzo para hacerle el procedimiento, llamo a Danny y le digo corre qué te van hacer la resonancia y se pone nervioso pensando que estaría muy mal para esa corredera. Cuándo llega lo estaban esperando y al verlo le preguntan usted es Profesor? Si soy profesor de ingeniería contesta y se echaron a reír porqué estaban era esperando al Prof Carmelo Ciniglio

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Alexandra Ciniglio
Alexandra Ciniglio
May 22, 2023
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Qué buena anécdota! Gracias por compartirla

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